Dos películas georgianas sobresalientes

En poco tiempo he visto dos películas de Georgia, lo cual tiene su guasa, teniendo en cuenta la escasa producción cinematográfica de ese país; Corn Island (La Isla del Maiz), 2014 y Mandariinid, 2013 (Mandarinas).

Poster de Mandarinas

Y lo mejor es que las dos son grandes películas. Ya no están en salas, pero las podeis ver en plataformas digitales.

Las dos tienen como marco la guerra de Abjazia, la primera (1992-93) en Mandarinas y la segunda (2008) en Corn Island. Sí, Georgia es un país maravilloso, situado al sur de la cordillera caucásica, ese bucólico rincón de nuestro planeta donde están Chechenia, Abjazia, Osetia… El lema de la región es “Si puedes resolver tus diferencias con un Kalashnikov, para qué te vas a sentar a hablar”.

Corn Island still

Y la coincidencia más interesante es que las dos pelis plantean su mirada sobre la guerra desde el punto de vista más honesto posible: el del civil, indefenso ante la irrupción en su vida de un puñado de cretinos armados que se dedican a desbaratarlo todo. En estas dos pelis de guerra, los guerreros no son protagonistas sino meros comparsas. Aquí, las bombas se escuchan a través del bosque (aunque a veces caen cerca), los soldados aparecen como figuras extrañas en el paisaje y la guerra es importante en la medida en que jode a los civiles.

Y resulta de lo más necesario una mirada así, ante la sobredosis de pelis hollywoodienses que se dedican a glorificar a los guerrreros buenos. No hay soldados buenos, amiguitos, un hijoputa con una metralleta es un hijoputa con una metralleta, aquí y en Tartaristán.

Corn Island poster

Por cierto, ví Mandarinas en el Espai VO, que son una panda de locos geniales que proyectan pelis de lo más interesante y en versión original, todos los martes, en el cine de esa cosa horrible que se llama Gran Via 2. Tienen una programación fantástica, id!

Mandariinid still

Actualización:

Nueva oportunidad para ver Mandarinas. En el Cetr, el 11 de diciembre, 3 €.

Como convertir unos langostinos en una crema fría de gambas

sopa fria de gambas con cebollino

Para 4 personas:

bodegon con cuchara

1/2 kg. de gambas.
1/2 cebolla.
1/2 pimiento.
1/2 tomate.
1 zanahoria.
1 puerro.
1 vasito de leche de coco.
Cilantro fresco y cebollino.
1 cucharadita de pimentón picante.
Sal y pimienta.

verduritas cortaditas

Para el fumet:

Las cabezas y cáscaras de las gambas.
1/2 cebolla.
1/2 tomate.

Gambas Langostinos nunca he sabido la diferencia

Preparación:

El Fumet:
Se rehogan las cabezas y cáscaras de las gambas, bien machacadas para que suelten todo su jugo (no hay foto, no es cuestión de quitaros el hambre). Se le añade un chorrito de agua, el tomate y la cebolla y se cuece un ratito más. Se cuela y reserva.

La crema:
De mientras, se pochan las verduras y luego se incorporan las gambas. Se le añade el pimentón y se salpimenta.

salpicon de marisco

Se flambea con un chorrico de Grand Marnier. Se le añade el fumet. Se cuece un pelín más. Se retira. Se tritura bien fino. Se le añade la leche de coco, el cilantro bien picadito y se deja enfriar.

Se sirve con cebollino picado por encima y se disfruta con un vinito blanco bien fresquito y con cara de estar en un restaurante francés muy pijo.

Compartiendo emociones

A través de Microsiervos, llego a este artículo: How Yahoo Killed Flickr and Lost the Internet, de Mat Honan, que explica muy bien la muerte lenta de Flickr desde que lo compró Yahoo. Un buen análisis sobre como las grandes corporaciones fracasan a la hora de integrar startups.

Pero creo que el autor se equivoca del todo cuando compara a Flickr con Instagram. Instagram no va de compartir fotos, aunque lo parezca. Va de compartir emociones y hacer nuevos amigos.

Las fotos son el Macguffin de Instagram. Instagram va de emociones, nostalgia de lo no vivido, reconocimiento público, buscar nuevas amistades y sobretodo, ese concepto tan étereo de amigo digital, que Instagram parece haber comprendido muy bien.

La magia de Instagram es que ha comprendido muy bien el concepto de amistad liquida en su más pura esencia digital. La unica interacccion que necesitas en Instagram es seguir (un click en un botón) o gustar (dos clicks en la foto). Comentar es el grado siguiente.

Instagram y Flickr no tienen nada que ver. Instagram es esto:

(Version original aqui. No se puede incrustar.)

Por supuesto, hay muchos fotográfos usando Instagram como un portfolio digital. Y también hay muchos fotografos poniendo sus fotos en slideshows en YouTube o SlideShare.

PD: si alguien quiere comprar mis fotos en Instagram: ésta es mi página de Instacanv.as

Rigole de Coriolà

Ayer fui a ver la versión libre de Coriolano que ha adaptado Rigola, en el Lliure. La obra propone una reflexion sobre la democracia. Extremadamente oportuna en los tiempos que corren.

Democracy

 

O por lo menos ésa es la idea, pero yo la reflexión no la ví por ningun lado. O yo soy muy lerdo o lo de Rigola no es más que mucho ruido y pocas nueces.

A no ser que la reflexión sobre la democracia consista en instalar un letrero de neón con la palabra Democracy orbitando por encima de las cabezas de los actores ¿en inglés, porque queda más guay, o porque Shakespeare era inglés?

Eso sí, la puesta en escena es impecablemente contemporánea. Blanco, negro y toques de rojo. Vestuario simbólico, katanas de madera y canciones de Rock’n’Roll. Y un gong, como en las películas de Fumanchú.

El texto original está tan podado que todo se queda en nada. En fín, lo mejor de la obra para mí es el texto de Sampedro del folleto. Aquí está:

No hay democracia ni en España ni fuera de España. ¿La gente está loca? No, la gente está manipulada. La opinión pública no es la opinión pública; no es el resultado del pensamiento reflexivo de la gente; y eso pasa por dos razones:

Una, porque no estamos, en general, educados para pensar. La gente no razona, no piensa. Ahora mismo, frente a unas elecciones, la gente no hace un estudio racional. Se vota por razones viscerales, por las características del que habla, por la voz que tiene, por las mentiras que cuenta y que se aceptan.

La otra es porque el poder existente, que hoy es el poder económico, domina los medios de información e inculca a la gente las ideas a través de los medios de información. La gente, hoy, juzga sobre todo por lo que ve en televisión y vota según lo que ve y lo que le dicen en televisión. Y no piensa para nada en lo que le ocultan.

De modo que, en parte, no se nos está formando para ser verdaderos ciudadanos conscientes. No se nos educa para tener pensamiento propio sino que se nos condiciona para manipularnos y crear una opinión. Lo que llaman opinión pública es opinión mediática, creada por la educación y por los medios. Ambas cosas controladas por el poder.

Pero no me hagan mucho caso, que el teatro nunca ha sido lo mío.

Algo he sacado de la obra: ganas de ver el Coriulanus de Fiennes, estrenada el año pasado (será casualidad), aunque hay quien dice que también es un patinazo.

El artículo que me convenció de ver la obra, culpa de la Revolución de los lectores.

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Actualización Marzo 2014: Ya he visto Coriolanus, de Fiennes. Grande.

Un contrato para emplearlos a todos

¿Qué es el contrato único?

1. Contrato único indefinido. Por defecto, todos los contratos serían indefinidos, con lo que se extiende la protección legal a los que ahora tienen contratos temporales.

2. Indemnización creciente en el tiempo. La protección media sería la misma que con el sistema actual, de modo que no se precariza más al conjunto de los trabajadores, pero se mitigaría la dualidad.

3. Sistema de “mochila austriaca”: cada trabajador es beneficiario de una cuenta de prestación por desempleo. El empleador haría aportaciones (iguales) a esa cuenta. Si el empleado es despedido, podría rescatar su prestación de esa cuenta (complementada por el estado en caso de ser necesario); si decide no hacerlo, o no la necesita, al final de su vida laboral esa cuenta se incorporaría a su pensión. Además, este sistema incentivaría la búsqueda rápida y activa de empleo cuando el trabajador perdiese el suyo.

4. La idea de un contrato único no significa abaratar el despido, ni desde luego es equivalente. Se trata de adoptar un nivel de protección intermedio único para todos, donde el nivel de protección medio podría ser menor, igual o mayor que en el statu quo actual. El coste medio del despido y el contrato único son por tanto cuestiones separadas.

Esto es solo un esquema. Para saber más, a continuación explicamos el problema del mercado laboral español.

Viaje a Marseille

Viajo a Marsella por trabajo, pero me he cogido un día más y voy a aprovechar para ver un poco la ciudad.

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El vuelo -en un avión diminuto- sin problemas y rápido, en 40 minutos estamos aterrizando en el aeropuerto Provence-Marseille.

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El autocar lanzadera que te lleva a la ciudad nos da la bienvenida en inglés, francés y árabe. Todo un adelanto de lo que te vas a encontrar.

Como me he olvidado en casa todos los papelitos con las reservas y la dirección del hotel me paso un rato dando vueltas por el Vieux Port buscándolo. Truco: pregunta en otro hotel, conocen la competencia.

El viernes trabajo y el sábado haré turismo. Después de acabar mis obligaciones laborales me paro en un típico sitio marsellés de hoy en día para cenar: un sushi-bar.

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Muy futurista, todo en fórmica, blanco y rosa, con su cinta transportadora y sus platos de diferentes colores según el precio. Muy Tokyo todo. Apostemos a ver cuando llega este concepto a Barcelona.

El New Hotel Vieux Port está muy bien, a pesar del nombre desconcertante. El único problema es que está puerta con puerta con una iglesia, que se pone a tocar las campanas a las 7 de la mañana del sábado.

¡Mercadillo de chorradillas típicas al pie de mi ventana! Ideal para empezar el día. Lo que se lleva aquí es la lavanda, el jabón de Marsella y el jabón de lavanda. Y también se creen que son los reyes del aceite de oliva. Y las hierbas provenzales, claro.

El hostal donde me alojaré mañana -éste lo pago yo- se llama Hello Marseille, tiene grandes puntuaciones en la web y está muy céntrico. Precio imbatible: 18 € por cama con desayuno incluido. En una habitación de 3 literas.

Empiezo mi recorrido turístico con un clásico: la ascensión a Notre Dame de la Garde. Perfecto para quemar los croissants del desayuno.

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No se veían muchos turistas en el centro de la ciudad. Es que están todos aquí.

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Desde aquí se ve toda la ciudad, y hay barrios curiosos en las colinas a la espalda de la basílica. Y para los que les guste la arquitectura de inspiración otomana del siglo XIX, el edificio tiene su gracia.

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Barquitos y avioncitos colgando del techo de la iglesía. Yo tampoco lo entiendo.

Para cuando llego abajo, vuelvo a tener hambre y me zampo otro plato típico marsellés: Phó y rollitos Nem, en un restaurante vietnamita del Cours Honoré d’Estienne d’Orves, que es una plaza alargada, muy mona y llena de bares con terraza.

También hay una feria literaria y me agencio esta monada de libro, fantásticamente bien editado.

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Paseando por el puerto, me encuentro con los indignados locales.

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Ya que he llegado tarde a la mani (empezaba a las 13h, aquí son muy europeos para algunas cosas), me quedo un rato. Han montado una asamblea delante del ayuntamiento. Son unos 300. 3 policías les vigilan de lejos.

Visito el barrio de Le Panier, que está muy bien y debía ser muy interesante antes de que los barecitos monos para turistas lo conquistasen.

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Y a cenar al hostal y a contemporizar con los mochileros anglosajones, que tienen todos el mismo acento gangoso y cuentan las mismas batallitas desde que se inventaron las mochilas y los hostales.

Muy importante para sobrevivir en las habitaciones compartidas de los hostales: tapones para los oídos. Siempre hay alguien que ronca. Siempre.

Hoy es domingo, el día del café en la terraza con un periódico de kilo y medio. Casi que es más fácil entender el francés leyendo Le Monde que escuchando a los nativos. Bueno, sin casi. Y las mejores terrazas de Marsella están en el Cours Julien.

Hace sol y la ciudad está vacía, todo el mundo se ha ido a la playa, a la cabane.

Sobrevuelo Cours Lieutaud en un puente metálico. Me parece estar en un cómic de Tardi.

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De camino a la Gare Saint Charles, la ultima gourmandise local: un kebab en una calle que tiene el alucinante nombre de Rue des Petites Mariés (hay peli), y está llena de magrebíes sosteniendo las paredes; pero no lo tomo al gusto local, en baguette y con frites, sino en galette, como en Barcelona.

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Y no hay tiempo para más, a coger el mini-avión y de vuelta a casa.

No sé cómo es la Marsella más allá de Notre-Dame-du-Mont, pero en el Vieux Port, en el Panier, en Noailles, en Ópera y en Vauban, esto es Argelia. A pesar del proceso de gentrificación que ha sufrido el centro, muy visible en la Place Thiars y la zona peatonal aledaña, el resto de los barrios viejos conservan su carácter mestizo. Ésta debe ser la 2ª ciudad más importante de Argelia.

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Y todavía quedan bares de putas al lado del puerto.

Dominio público » Hay alternativas a los recortes

Hay alternativas a los recortes

29 sep 2011

 

Vicenç Navarro

Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra

Ilustración de Mikel Jaso

Se están haciendo en España recortes muy sustanciales del gasto público social que financia las transferencias públicas (tales como las pensiones y las ayudas a las familias) y los servicios públicos (tales como la sanidad, la educación, los servicios de ayuda a las personas con dependencia, las escuelas de infancia, los servicios sociales, entre otros) que representan la mayor reducción del Estado del bienestar español que éste haya sufrido en los 33 años de democracia. Estos recortes los está realizando el Gobierno central, así como gran número de gobiernos autonómicos, habiendo sido particularmente acentuados en Catalunya.

Tres observaciones tienen que hacerse a raíz de estos hechos. Una es que ninguno de estos recortes estaba anunciado en los programas electorales de los partidos gobernantes que los están haciendo. En realidad, todos ellos subrayaron en sus campañas electorales que no realizarían recortes en las transferencias y servicios que están siendo recortados. La segunda observación es que estos recortes se presentan, tanto por el establishment político como por el mediático, como inevitables y necesarios, y responden –según tales establishments– a la presión externa de los mercados financieros, los cuales señalan la necesidad de realizar tales recortes. Este argumento de inevitabilidad y necesidad ha calado en la opinión popular como consecuencia de una promoción masiva por parte de los medios de información de mayor difusión (tanto públicos como privados) del país, que han estado respaldando tales recortes. Uno de los rotativos de mayor difusión presentó anteayer unas encuestas mostrando que, puestos a escoger, había más españoles que, para reducir el déficit, preferían los recortes a la subida de impuestos. Parecería, pues, que los recortes que se están llevando a cabo tienen el apoyo popular que los legitimiza.

Este argumento de inevitabilidad, sin embargo, es profundamente erróneo. Y la percepción de apoyo popular está también equivocada. Miremos primero el argumento de que los recortes tan intensos del gasto público social se deben a la presión de los mercados. La lectura de los informes de las agencias de valoración de bonos y de los mayores centros financieros muestra una variabilidad de opiniones. Así, en ocasiones expresan inquietud sobre el tamaño del déficit y de la deuda pública, pero en otras ocasiones, como ahora, muestran gran preocupación por la falta de crecimiento económico. En cuanto a la reducción del déficit, tales instituciones financieras no indican cómo debería realizarse. Una manera es mediante los recortes de gasto público social, pero no es ni la única ni la mejor manera de conseguirlo. Una alternativa es aumentando los impuestos. Así, en lugar de congelar las pensiones (con lo que se intentan ahorrar 1.200 millones de euros), se podrían haber conseguido 2.100 millones de euros manteniendo el Impuesto del Patrimonio, o 2.552 millones si se hubieran anulado las rebajas de los impuestos de sucesiones, o 2.500 millones si se hubiera revertido la bajada de impuestos de las personas que ingresan más de 120.000 euros al año, recortes de los impuestos apoyados –todos ellos– por los partidos que ahora hacen estos recortes de gastos.
O en lugar de los enormes recortes en sanidad que intentan conseguir un ahorro de 6.000 millones, podrían haber anulado la bajada del Impuesto de Sociedades de las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año (y que representan sólo el 0,12% de todas las empresas), recogiendo 5.300 millones de euros. O en lugar de recortar los servicios públicos como sanidad, educación y servicios sociales (logrando un total de 25.000 millones de euros), podrían haber corregido el fraude fiscal de las grandes fortunas, de la banca y de las grandes empresas (que representa el 71% de todo el fraude fiscal), recogiendo mucho más, es decir, 44.000 millones.

O, en lugar de reducir los servicios de ayuda a las personas con dependencia (intentando ahorrar 600 millones de euros), podrían haber reducido el subsidio del Estado a la Iglesia católica para impartir docencia de la religión católica en las escuelas públicas, o eliminar la producción de nuevo equipamiento militar, como los helicópteros Tigre y otros armamentos.

El hecho de que se escogiera hacer los recortes citados sin ni siquiera considerar estas alternativas no tiene nada que ver (insisto, nada que ver) con las presiones de los mercados financieros. La reducción del déficit público podría haberse logrado revirtiendo las enormes rebajas de impuestos que han beneficiado primordialmente a las rentas superiores (una persona que ingrese más de 300.000 euros al año ha visto reducir sus impuestos durante el periodo en que España estuvo gobernada por Aznar y por Zapatero un 37%, mientras que la gran mayoría de la población apenas notó esta bajada).

El supuesto apoyo popular a tales recortes no puede derivarse de la pregunta sesgada y tendenciosa de preguntarle a la población si para reducir el déficit prefieren los recortes en el Estado del bienestar o el aumento de los impuestos. La palabra “impuestos”, sin aclarar de quién, genera siempre una respuesta predecible de rechazo. Pero si, en lugar de utilizar el término genérico “impuestos”, se utilizara el aumento de impuestos citados en este artículo, que se centra primordialmente en las rentas superiores (revirtiendo las enormes reducciones que les beneficiaron) y que no afecta a la gran mayoría de la ciudadanía, la respuesta sería opuesta a la que aquella pregunta tendenciosa indica. Que estas alternativas no tengan la centralidad política o la exposición mediática que tienen los recortes se debe a que las rentas superiores, la banca y la gran patronal, tienen mucho más poder sobre el Estado español que las clases populares, que son las que están más afectadas por los recortes.