Rigole de Coriolà

Ayer fui a ver la versión libre de Coriolano que ha adaptado Rigola, en el Lliure. La obra propone una reflexion sobre la democracia. Extremadamente oportuna en los tiempos que corren.

Democracy

 

O por lo menos ésa es la idea, pero yo la reflexión no la ví por ningun lado. O yo soy muy lerdo o lo de Rigola no es más que mucho ruido y pocas nueces.

A no ser que la reflexión sobre la democracia consista en instalar un letrero de neón con la palabra Democracy orbitando por encima de las cabezas de los actores ¿en inglés, porque queda más guay, o porque Shakespeare era inglés?

Eso sí, la puesta en escena es impecablemente contemporánea. Blanco, negro y toques de rojo. Vestuario simbólico, katanas de madera y canciones de Rock’n’Roll. Y un gong, como en las películas de Fumanchú.

El texto original está tan podado que todo se queda en nada. En fín, lo mejor de la obra para mí es el texto de Sampedro del folleto. Aquí está:

No hay democracia ni en España ni fuera de España. ¿La gente está loca? No, la gente está manipulada. La opinión pública no es la opinión pública; no es el resultado del pensamiento reflexivo de la gente; y eso pasa por dos razones:

Una, porque no estamos, en general, educados para pensar. La gente no razona, no piensa. Ahora mismo, frente a unas elecciones, la gente no hace un estudio racional. Se vota por razones viscerales, por las características del que habla, por la voz que tiene, por las mentiras que cuenta y que se aceptan.

La otra es porque el poder existente, que hoy es el poder económico, domina los medios de información e inculca a la gente las ideas a través de los medios de información. La gente, hoy, juzga sobre todo por lo que ve en televisión y vota según lo que ve y lo que le dicen en televisión. Y no piensa para nada en lo que le ocultan.

De modo que, en parte, no se nos está formando para ser verdaderos ciudadanos conscientes. No se nos educa para tener pensamiento propio sino que se nos condiciona para manipularnos y crear una opinión. Lo que llaman opinión pública es opinión mediática, creada por la educación y por los medios. Ambas cosas controladas por el poder.

Pero no me hagan mucho caso, que el teatro nunca ha sido lo mío.

Algo he sacado de la obra: ganas de ver el Coriulanus de Fiennes, estrenada el año pasado (será casualidad), aunque hay quien dice que también es un patinazo.

El artículo que me convenció de ver la obra, culpa de la Revolución de los lectores.

. . . . . .

Actualización Marzo 2014: Ya he visto Coriolanus, de Fiennes. Grande.

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