Viaje a Marseille

Viajo a Marsella por trabajo, pero me he cogido un día más y voy a aprovechar para ver un poco la ciudad.

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El vuelo -en un avión diminuto- sin problemas y rápido, en 40 minutos estamos aterrizando en el aeropuerto Provence-Marseille.

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El autocar lanzadera que te lleva a la ciudad nos da la bienvenida en inglés, francés y árabe. Todo un adelanto de lo que te vas a encontrar.

Como me he olvidado en casa todos los papelitos con las reservas y la dirección del hotel me paso un rato dando vueltas por el Vieux Port buscándolo. Truco: pregunta en otro hotel, conocen la competencia.

El viernes trabajo y el sábado haré turismo. Después de acabar mis obligaciones laborales me paro en un típico sitio marsellés de hoy en día para cenar: un sushi-bar.

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Muy futurista, todo en fórmica, blanco y rosa, con su cinta transportadora y sus platos de diferentes colores según el precio. Muy Tokyo todo. Apostemos a ver cuando llega este concepto a Barcelona.

El New Hotel Vieux Port está muy bien, a pesar del nombre desconcertante. El único problema es que está puerta con puerta con una iglesia, que se pone a tocar las campanas a las 7 de la mañana del sábado.

¡Mercadillo de chorradillas típicas al pie de mi ventana! Ideal para empezar el día. Lo que se lleva aquí es la lavanda, el jabón de Marsella y el jabón de lavanda. Y también se creen que son los reyes del aceite de oliva. Y las hierbas provenzales, claro.

El hostal donde me alojaré mañana -éste lo pago yo- se llama Hello Marseille, tiene grandes puntuaciones en la web y está muy céntrico. Precio imbatible: 18 € por cama con desayuno incluido. En una habitación de 3 literas.

Empiezo mi recorrido turístico con un clásico: la ascensión a Notre Dame de la Garde. Perfecto para quemar los croissants del desayuno.

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No se veían muchos turistas en el centro de la ciudad. Es que están todos aquí.

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Desde aquí se ve toda la ciudad, y hay barrios curiosos en las colinas a la espalda de la basílica. Y para los que les guste la arquitectura de inspiración otomana del siglo XIX, el edificio tiene su gracia.

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Barquitos y avioncitos colgando del techo de la iglesía. Yo tampoco lo entiendo.

Para cuando llego abajo, vuelvo a tener hambre y me zampo otro plato típico marsellés: Phó y rollitos Nem, en un restaurante vietnamita del Cours Honoré d’Estienne d’Orves, que es una plaza alargada, muy mona y llena de bares con terraza.

También hay una feria literaria y me agencio esta monada de libro, fantásticamente bien editado.

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Paseando por el puerto, me encuentro con los indignados locales.

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Ya que he llegado tarde a la mani (empezaba a las 13h, aquí son muy europeos para algunas cosas), me quedo un rato. Han montado una asamblea delante del ayuntamiento. Son unos 300. 3 policías les vigilan de lejos.

Visito el barrio de Le Panier, que está muy bien y debía ser muy interesante antes de que los barecitos monos para turistas lo conquistasen.

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Y a cenar al hostal y a contemporizar con los mochileros anglosajones, que tienen todos el mismo acento gangoso y cuentan las mismas batallitas desde que se inventaron las mochilas y los hostales.

Muy importante para sobrevivir en las habitaciones compartidas de los hostales: tapones para los oídos. Siempre hay alguien que ronca. Siempre.

Hoy es domingo, el día del café en la terraza con un periódico de kilo y medio. Casi que es más fácil entender el francés leyendo Le Monde que escuchando a los nativos. Bueno, sin casi. Y las mejores terrazas de Marsella están en el Cours Julien.

Hace sol y la ciudad está vacía, todo el mundo se ha ido a la playa, a la cabane.

Sobrevuelo Cours Lieutaud en un puente metálico. Me parece estar en un cómic de Tardi.

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De camino a la Gare Saint Charles, la ultima gourmandise local: un kebab en una calle que tiene el alucinante nombre de Rue des Petites Mariés (hay peli), y está llena de magrebíes sosteniendo las paredes; pero no lo tomo al gusto local, en baguette y con frites, sino en galette, como en Barcelona.

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Y no hay tiempo para más, a coger el mini-avión y de vuelta a casa.

No sé cómo es la Marsella más allá de Notre-Dame-du-Mont, pero en el Vieux Port, en el Panier, en Noailles, en Ópera y en Vauban, esto es Argelia. A pesar del proceso de gentrificación que ha sufrido el centro, muy visible en la Place Thiars y la zona peatonal aledaña, el resto de los barrios viejos conservan su carácter mestizo. Ésta debe ser la 2ª ciudad más importante de Argelia.

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Y todavía quedan bares de putas al lado del puerto.

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