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La terrible revelación de WikiLeaks

por Pepe Cervera el 26 Oct 2010 | URL Permanente

La publicación de los llamados Iraq War Logs por parte de la organización WikiLeaks domina estos días las portadas de diarios y telediarios del mundo. Las revelaciones, que nadie ha negado y que son producto de miles de documentos internos originales escritos por soldados del ejercito estadounidense, demuestran que durante años el gobierno del país invasor mintió deliberadamente a su pueblo y a sus medios de comunicación. Que las víctimas civiles eran muchas más de las aceptadas oficialmente; que los militares de la potencia invasora permitían a la policía iraquí (formada y entrenada por ellos) la práctica cotidiana de abusos y torturas. Que algunos soldados se tomaron la justicia por su mano asesinando a mujeres y niños, y que estas acciones terribles se acallaron oficialmente. Son cosas que se sospechaban; que se habían rumoreado, que se habían publicado (y desmentido categóricamente), que se sabían, en Irak y fuera de allí. En este sentido la revelación llevada a cabo por WikiLeaks tan sólo (fuerte ironía, por si no queda claro) aporta pruebas de lo que se negó una y otra vez; de lo que el gobierno estadounidense y el ejército de aquel país todavía no reconocen. No es una terrible revelación de lo ocurrido en Irak, sino la terrible confirmación de la realidad y de las mentiras. El gobierno estadounidense, todos los sospechábamos pero es importante demostrarlo, nos engañaba, y eso lo sabíamos. Lo que algunos ingenuos éramos incapaces de sospechar es que la prensa, los medios de comunicación, los periodistas, en este enfrentamiento se iban a poner de parte del ofensor, y no del ofendido; que iban a alinearse con el poderoso frente al débil, con el que quiere guardar el secreto de sus mentiras frente a quien quiere revelarlas. La verdadera revelación del ‘Caso WikiLeks’ es el punto de corrupción profesional e institucional al que ha llegado la prensa, que está atacando al mensajero con gusto y con las peores artes de los gabinetes de intoxicación del Pentágono.

Wikileaks también te la puede meter doblada, un principio de precaución general que la prensa habría hecho bien en aplicar cuando justificaba la invasión de Irak con el argumento de las inexistentes armas de destrucción masiva, o de los (falsos) vínculos entre el (corrupto, despótico, repugnante) régimen de Sadam Hussein y la organización Al Qaeda. Y que tendría mucha más justificación si Wikileaks no hubiese demostrado hasta ahora una y otra vez que cumple con su palabra, a diferencia de lo que ha demostrado una y otra vez el gobierno estadounidense. WikiLeaks es una organización poco clara y de intereses desconocidos, a diferencia quizá de los departamentos clandestinos de guerra sucia y loas empresas de mercenarios que han operado en Irak. WikiLeaks es antiamericana, no como el principio de mentir a la opinión pública o de justificar la tortura. Julian Assange es despótico y desagradable (a diferencia de los generales y de los directores de periódico, gentes de probada amabilidad y legendario buen trato), y ha sido acusado de violación (acusación retirada, y restaurada, varias veces en turbias circunstancias), y por si fuera poco es malencarado. Los papeles filtrados ponen en riesgo vidas de soldados e informantes (como en Afganistán, solo que no era verdad y ha sido desmentido). WikiLeaks debería ser bombardeado, Assange juzgado por terribles crímenes y encarcelado, o tal vez incluso fusilado por traidor (aunque no sea estadounidense, así que, ¿a quien puede estar traicionando?). Es de esperar que medios como Fox News, afines ideológicamente a quienes pusieron en marcha la invasión de Irak y sus terribles consecuencias a base de mentiras, estén encantados de hacerle el trabajo sucio al departamento de tretas sucias que ha organizado el Pentágono para calumniar al mensajero y rebajar la credibilidad del mensaje.

Pero ¿qué hacen medios como la CNN, The New York Times o CuartoPoder apuntándose a este ataque, repitiendo calumnias ya desmentidas, refocilándose en insinuaciones sobre la vida privada de un señor y sobre las actividades de una organización que en el fondo están haciendo lo que esos medios deberían haber hecho, pero no hicieron? Anteriores filtradores, de guerras anteriores, fueron honrados, celebrados y apoyados por esos mismos medios, por esa misma profesión cuyos miembros en tiempos han estado dispuestos a ir a la cárcel por defender a sus fuentes y por publicar las verdades en contra de los poderosos. Hoy, no se sabe my bien por qué (¿orgullo gremial, celos, desconfianza ante lo desconocido, tecnofobia?) medios de los que esperábamos que estuviesen por la verdad y contra los secretos atacan más a quien ha contribuido a revelarlos que a quien los quería esconder. Sabiendo que hay una verdadera campaña de infoguerra contra WikiLeaks desde hace meses, repiten calumnias, cotilleos e insinuaciones malévolas; ponen en duda el valor de lo filtrado porque ya se sabía (!), o porque es demasiada información (!!!!). Y, tal vez en un desliz revelador, se quejan de que ni la organización ni su mascarón de proa son periodistas, y contraponen sus actos con los de heroicos reporteros, como si lo que hacen unos y otros fuese contradictorio; como si, de alguna manera, WikiLeaks estuviese rebajando el valor del periodismo.

Y tal vez ése sea el problema. WikiLeaks aprovecha al máximo las capacidades de Internet y del moderno mundo conectado para llevar a cabo una importante labor, como es cubrir a las personas que a riesgo de su carrera profesional y a veces de su vida da a la opinión pública informes que los poderosos del mundo quieren mantener bajo llave. La prensa nunca ha estado cómoda ni con Internet ni con el moderno mundo digital, y aunque mantiene en sus leyendas y su épica los triunfos de revelación de secretos de antaño lo cierto es que ha abandonado casi por completo el periodismo de investigación. En este sentido la organización a la que pone cara Julian Assange es en su misma existencia un reproche a la prensa: porque demuestra que los medios se están quedando obsoletos, y que sus funciones están siendo cubiertas por otro tipo de organizaciones ante el abandono del periodismo tradicional. Si los casi 400.000 documentos que ha publicado WikiLeaks sobre la guerra de Irak, o los miles que ya publicó sobre la de Afganistán o los que (se dice) prepara sobre Rusia no son muy reveladores, la respuesta de una parte de la prensa mundial a estas filtraciones sí que ha resultado reveladora. Y es que tal vez la prensa como industria y los periodistas como profesión se merecen lo que les está ocurriendo. Porque no sólo es que sean incapaces de adaptarse al presente (que ya no futuro) digital: es que son capaces de aliarse con el diablo con tal de impedirlo. El mero pensamiento produce náuseas.

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