Cómo cancelar una cuenta y no morir en el intento

Voy al banco. A pedir (por enésima vez) que eliminen una cuenta de ahorros que ya no uso y por la cual me cargan una comisión mensual. Importe: 2 cervezas.
Espero mientras una representante de la alta burguesía catalana (rubia) ejecuta complicadas operaciones financieras con la ayuda del director de la sucursal. Tales como ingresar un euro con cinco céntimos en una cuenta. Se pasan horas bromeando sobre pedir un blindado para traer el cambio. Me parto. Qué nostalgia de la Revolución Francesa y la guillotina.
También hay otra empleada, pero “estoy en caja y eso es financiero”, me informa. Traducción: tú haz cola, que yo me toco el chirri.
Ahí estamos. La patricia (rubia), de la cual sólo veo el perfil (griego) y los pantalones de cuero (negro), aposentada ante la mesa del director. Al fondo a la derecha la cajera, haciendo gárgaras con la fontvella.
Yo en medio, intentando no leer el Expansión sobre mis rodillas (En Nutrexpa han fichado un nuevo Brand Manager. Fotos en el interior). Y el director, como el electrón de nuestro particular átomo, trajinando papeles de aquí p’allá. Mientras comenta la (espantosa) situación financiera mundial con la patricia. Es que van a investigar hasta a la SEC, se escandaliza ella. La SEC. Para esto les pones una mercería.
Abandonada toda esperanza y a punto de irme dando un portazo (que debe ser divertido con una puerta de vidrio), los planetas se alinean, los euros se ponen firmes en los balances y la patricia se despide del director, rumbo a Baqueira. Beret.
– Pase usted, joven.
Le cuento mi problema (otra vez). Se horroriza. Empieza a soltar pestes del banco (del cual es director). Es que estos cabrones. Es que lo hacen imposible. Me solidarizo: Qué hijos de puta. Sí, sí, qué hijos de puta.
Pero, espera, el otro día, con un acólito, consiguió anular una cuenta, realizando una complicada pirueta informática. Si recordara como era…
Ante mis ojos (maravillados), sus dedos recorren el teclado ágilmente, las pantallas MSDOS se amontonan, el ratón derrapa en las curvas, los bips inundan la sucursal enmoquetada. El venerable hacker está echando el resto, atajo tras atajo, rodea mi cuenta de ahorro con una maraña de datos bancarios…
Son las 2.30 y entre el calorcito que hace aquí y el hambre que tengo m’estoy quedando dormido…
Y de repente un grito de triunfo me hace saltar de la silla. Exultante, el director me señala la pantalla con los ojos brillantes por la emoción. Ahí está, mi cuenta corriente, y al final de la linea, la palabra mágica: CANCELLED.
– Pero, tú, por si acaso, comprueba que en enero no te cobren la comisión. Que con estos hijos de puta nunca se sabe.

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