Cuéntame un cuento

Quedémonos con que la Transición fue un bello período de exaltación del acuerdo y del consenso –que lo fue- y olvidemos que seguimos pagando alguno de los gravísimos errores que cometieron los padres de la patria, humanos al fin y al cabo. Obviemos, por ejemplo, que la Constitución y su posterior ‘café para todos’ fue un despropósito histórico en el que seguimos chapoteando. Claro que siempre es posible que algunos de sus ponentes nos digan un aniversario de éstos que sí, que en el año 1978 había una demanda autonomista en La Rioja, en Murcia, en Madrid o en Castilla-La Mancha, que, por cierto, ni siquiera sabía que se llamaba así.

Dejemos que el Senado siga siendo un club de críquet, perpetuemos la preferencia masculina en el acceso al Trono, porque un Rey mola más que una Reina, y dejemos que siga siendo inviolable porque la sangre azul del delito huye. La Constitución fue una obra maestra, aunque diga que Navarra puede decidir incorporarse al País Vasco si le place. Bueno, a lo mejor esto último conviene quitarlo al descuido por si España se rompe o por si alguien se rinde.

Juan Carlos Escudier. Entero en El Confidencial.

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