A pesar de las atrocidades de los años de Milosevic, la solución no es del todo justa. Sin embargo, al final, también es el resultado menos malo para Serbia. Es horrible perder un brazo gangrenado, pero a veces es requisito indispensable para la recuperación. En el fondo, muchos serbios son conscientes de ello. Y fue en Belgrado, no en Pristina, donde oí este chiste: los serbios están dispuestos a hacer cualquier cosa por Kosovo salvo vivir allí.
La solución a todo el follón kosovar tampoco es tan complicada: devolución a Serbia de los territorios al norte del río Ibar; y Kosovo de camino gradual a la unión con Albania. De propina los kosovares podrán dejar de usar la cutre bandera que han tenido a bien diseñar los funcionarios de la UE.
Al fin y al cabo, si las cosas no se lían mucho, dentro de poco tiempo, todos ellos serán miembros de la Unión y podrán dirimir sus disputas en el Parlamento Europeo, bajo la atenta mirada del sucesor de Borrell.
Seguro que los gobernantes de Macedonia, con su importante minoría albanesa, estarán encantados con este arreglo.
Ya puestos, podrían desmontar los amadisimos monasterios serbios de Decani, Pec y Gracanica y empaquetarlos rumbo a Serbia. Si tanto los quieren, que los reconstruyan en las afueras de Belgrado. Si nos fuéramos a poner todos en este plan, aquí podríamos organizar una expedición de almogavares para recuperar Carcasonne.
“Los indígenas Lakota, verdadero nombre de los Sioux, cuyos caciques más afamados fueron ‘Toro Sentado’ y ‘Caballo Loco’, rompieron los tratados firmados por sus ancestros con Estados Unidos hace más de 150 años, anunciaron el miércoles representantes de la tribu.“Ya no somos ciudadanos de Estados Unidos de América y todos los que viven en las regiones de los cinco estados que comprende nuestro territorio son libres de unirse a nosotros”, declaró el representante aborigen Russel Means en Washington.