La bomba atómica, la progresiva talibanización de zonas del país y la frontera con China, Irán o Afganistán convierten al país asiático en un nudo clave para la estabilidad mundial
El 74% de la población de Pakistán vive con menos de un euro al día; la corrupción del sistema, el nepotismo de los políticos y la avaricia de un ejército propietario del primer grupo industrial del país —controla el 35% de la economía nacional— son el caldo de cultivo en el que crece un extremismo islámico envalentonado por las guerras de Irak y Afganistán.
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